La Fundación ENT puso en marcha en el 2018 el Observatorio de la Fiscalidad de los Residuos, que desde entonces se ha consolidado como referencia para conocer la situación tributaria nacional en lo que se refiere al sector público y medioambiental. Ignasi Puig es uno de los expertos que están detrás de cada informe y participó el viernes en Ecovoz.
—Los impuestos ambientales tienen la virtud de que, además de recaudar, crean una señal económica que induce a mejores prácticas. En los países más avanzados no se pagan tarifas planas, cada hogar o comercio paga de acuerdo con la cantidad y tipo de residuos que genera, lo cual exige una medición que aquí es aún muy incipiente.—El horizonte último debe ser avanzar hacia el «pago por generación». Que la tarifa dependa de los residuos generados. Está demostrado que cuando se implantan sistemas de alta eficiencia, en 24 horas se pueden dar saltos de hasta 40 puntos en la recogida separada con los mismos ciudadanos. Además, las señales económicas son fundamentales: hacer las cosas bien no puede salir más caro que hacerlas mal, y a nivel ciudadano, quien recicla correctamente no debe pagar lo mismo que quien no lo hace.
Fuente: La voz de Galicia

